La crisis mutante
La crisis económica y financiera
internacional ha demostrado ser terrible y de consecuencias catastróficas.
En una primera fase obligó a los diferentes gobiernos a aplicar importantes
planes de estímulo y de reactivación económica; en una segunda fase no hubo
otro remedio que actuar contra el déficit que colmaba de gran histeria a los
mercados.

La crisis económica y financiera
internacional que estamos viviendo ha tenido consecuencias catastróficas para
muchas familias y empresas. Ha sido una crisis que ha resultado muy difícil de
afrontar, prueba de ello es que todavía no se ha salido de ella, sino que
todavía reina la desconfianza, la incertidumbre y no se sabe bien si la luz al
final del túnel, que muchos dicen que ya ven, es sólo un espejismo.
Ha sido una crisis contra la que no se han
encontrado protocolos claros de actuación y gobiernos, autoridades e
instituciones económicas a escala planetaria, han debido ir improvisando para
atajar las graves situaciones problemáticas que han ido surgiendo. Cuando
apareció la crisis inmobiliaria estadounidense, nadie pensaba que sus
consecuencias a nivel mundial iban a ser tan terribles. Nada más lejos de la
realidad. Las hipotecas subprime o hipotecas basura, que se llaman así porque
eran concedidas a clientes de escasa o nula solvencia, de escasas o nulas
garantías de que podrían hacerles frente, consiguieron enfermar todo el sistema
financiero. Dichas hipotecas se pusieron en circulación dentro de paquetes
estructurados con nombres atractivos que transmitían sobriedad y solvencia, por
todo el sistema financiero. Instituciones financieras de cualquier rincón del
planeta compraron aquellos paquetes pensando en la gran rentabilidad que pronto
iban a cosechar.
La infección del sistema financiero fue de
tal magnitud que pronto vimos caer gigantes financieros de inversión como el
Lehman Brothers en Estados Unidos, y en Europa las autoridades respectivas
debieron salir al rescate de varios bancos. Pronto saltó la noticia de la
decisión del gobierno británico de recapitalizar el Royal Bank of Scotland (RBS),
Lloyds TSB y HBOS a través de la inversión de
37.000 millones de libras (46.600 millones de euros).
La Reserva Federal en Estados Unidos, ya
venía rebajando el precio oficial del dinero, pero en octubre de 2008 otros
bancos centrales, como el Banco Central Europeo (BCE), comenzaron a
aplicar una política rápida de rebaja de tipos de interés y en poco tiempo, en
la Eurozona, se pasó de un nivel de tipos situado en el 4,25%, al actual nivel
del 1%, el más bajo de la historia.
Los gobiernos se reunían en el llamado G20
para adoptar políticas comunes y coordinadas contra la crisis y se adoptó como
frente común no hacer demasiado caso al déficit ni a la deudas públicas
soberanas y aplicar fuertes medidas de estímulo para tratar de reflotar la grave
situación económica.
En España, la crisis financiera
internacional, vino asociada al estallido de la burbuja inmobiliaria. Existía
exceso de oferta, un encarecimiento continuado y vertiginoso del precio de la
vivienda. Además nos encontrábamos con un alto nivel del Euribor y de los
Índices de Referencia de los Préstamos Hipotecarios (IRPH), que ayudaban a
crecer de forma considerable los intereses de los préstamos hipotecarios. El
final de aquello estaba claro: el estallido de la burbuja inmobiliaria,... y
justo en el peor momento; cuando la banca se encontraba muy deteriorada por su
falta de liquidez ante las tensiones interbancarias. Si el estallido de la
burbuja inmobiliaria se hubiera producido sin la alteración de la banca, las
consecuencias de la crisis habrían estado muy lejos de ser tan virulentas como
lo han sido. Rescate de la banca, restricción crediticia, planes de estímulo a
la economía, aumentos vertiginosos del desempleo, quiebra de empresas, concurso
de acreedores, expedientes de regulación de empleo (ERE), ..., fueron
expresiones que acapararon sin tregua todos los medios de comunicación. Pero por
aquel entonces una cosa estaba clara, había que reactivar la economía, con
medias y planes de estímulo, había que olvidar el Pacto de la estabilidad y de
crecimiento de la Unión Europea que establecía para los estados miembros el
criterio de déficit público máximo del 3% del Producto Interior Bruto (PIB).
Pero cuando parecía que la recuperación
empezaba a instalarse en la Eurozona y también en España, comenzaron a salir los
problemas del déficit y de la deuda pública. El epicentro de la nueva fase de la
crisis se encontraba en Grecia, a la que hubo que rescatar con ayuda europea.
Pero además no tardaron a surgir rumores en referencia a un posible contagio de
la crisis de Grecia a otros países cercanos, como Portugal o España. Los
mercados empezaron a sentir desconfianza respecto a la solvencia de diferentes
países para poder hacer frente a sus respectivas deudas soberanas. La histeria
se apoderó de las bolsas. Rápidamente los ministros de Economía de la Unión
Europea aprobaron un fondo de rescate para países que tuvieran problemas
financieros y no pudieran hacerse cargo de sus respectivas deudas dotado con
750.000 millones de euros.
En España, su gobierno, tuvo que cambiar
radicalmente su política. Ahora el objetivo principal no era el estímulo de la
economía, sino acelerar el plan contra el déficit. Un plan severo y doloroso,
pero inevitable. Atacar al déficit, supone además transmitir tranquilidad a los
mercados y supone además conseguir que no se disparen los intereses en la
refinanciación de la deuda. El plan contra el déficit supone recortes en los
sueldos de los funcionarios y congelación de las pensiones para 2011 (excluyendo
de la congelación las no contributivas y las mínimas), entre otras medidas
dolorosas. El déficit se había disparado en poco tiempo porque la actividad
económica caía, y consecuentemente también disminuían las recaudaciones
impositivas. Además aumenta el desempleo, por lo que también aumenta el gasto de
las prestaciones. Si unido a todo lo anterior, se ponen en marcha ambiciosos y
necesarios planes de estímulo para reactivar la economía, resulta inevitable un
aumento vertiginoso del déficit público.
La crisis económica se ha mostrado como lo
hacen las graves enfermedades sobre un enfermo. Los médicos tratan de curar por
todos los medios los síntomas de la enfermedad, tratan de reestablecer al
paciente, pero en el momento en que creen que el paciente ya se encuentra en el
buen camino y en la senda de la recuperación, surge otra fase de la enfermedad,
tan peligrosa como la anterior. Entonces no queda otro remedio que aplicar otra
solución de urgencia. La crisis ha demostrado ser virulenta y también mutante.
Esperemos que esta segunda fase de la crisis, sea la última
Euribor 24 de Julio de 2010
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