El sector de la construcción, el gran damnificado de la
crisis.
El sector de la construcción es el que más ha
sufrido la crisis, al ser el gran motor generador de empleo y crecimiento en
España, con la crisis económica internacional y el estallido de la burbuja
inmobiliaria se ha recorrido el camino inverso. El motor ha dejado de funcionar
y ha provocado un importante contracción económica y un aumento vertiginoso del
desempleo.

A nadie se le escapa, que el gran
sacrificado de la crisis económica ha sido el sector de la construcción. La
burbuja inmobiliaria ya estaba dando serios avisos de que el estallido
podría darse en cualquier momento. Las agencias inmobiliarias ya venían
denunciando que era cada vez más difícil colocar las viviendas, y si antes
se las quitaban de las manos, cada vez se alarga más el tiempo necesario
para vender un piso.
El sector de la construcción era un gran
motor generador de crecimiento y de empleo. Eran los tiempos de bonanza. Pero
muchos eran conscientes que el gran motor estaba sustentado en los pies de barro
de una burbuja inmobiliaria, pero mientras funcionara, mientras el dinero se
moviera a diestro y siniestro y en cantidades industriales, mientras muchas
familias y negocios salían adelante y prosperaban gracias al sector, nadie se
iba a mostrar partidario de frenarlo. Pero el problema fue que se cruzaron
demasiados límites. No sólo se quería usar el sector, se quería abusar de él.
Había que exprimirlo, porque cuanto más lo hicieras, más dinero generaba y ello
sin crear aparentes problemas, al contrario, cuanto más se tensaba la cuerda,
más beneficios se obtenían para todos. Las viviendas subían de precio a una
ritmo vertiginoso y además la economía crecía. La familias ya no se contentaban
con tener solo una vivienda, hacía falta además el apartamento, el chalet o la
casa del pueblo para los fines de semana y el verano. Y si las viviendas suben
de precio tan rápido, ¿por qué no entrar en el negocio? ¿Por que no comprar un
piso o dos o más, dependiendo de las posibilidades y después venderlos? Los
precios de la vivienda subían, pero también lo hacían los tipos de interés. Las
cuotas mensuales salían demasiado altas y empezaron a ampliarse los periodos de
las hipotecas, hipotecas a 30 años, 35, ¿y por qué no 40?
La construcción además alimentaba de forma
contundente a la banca. Todo parecía un engranaje perfecto donde todo
funcionaba. Pero un exceso de oferta, un vertiginoso encarecimiento de la
vivienda que nunca tenía fin y unos tipos de interés altos que marcaban también
un Euribor y unos Índices de Referencia de Préstamos Hipotecarios (IRPH), cada
vez más altos, conducían inevitablemente a que la burbuja inmobiliaria acumulase
cada vez más tensiones en su interior. La burbuja era conocida por todos, pero
mientras todo funcionara a la maravilla y se generaran grandes fortunas, todo lo
demás parecía carecer de importancia. Y ocurrió lo que tenía que ocurrir. La
burbuja estalló, el motor de la economía y del empleo dejó de funcionar y
empezaron a dispararse a todos los índices económicos. Empieza hablarse de
desaceleración económica, crisis y de vertiginosa destrucción de puestos de
trabajo. Pero todo esto no fue lo peor. El estallido de la burbuja inmobiliaria
vino en el peor momento. En Estados Unidos se había desatado una gran crisis
inmobiliaria como consecuencia de la venta masiva de hipotecas subprime;
aquellas que se concedían a clientes de escasa o nula solvencia económica, es
decir con pocas o nulas garantías de poder hacer frente al préstamo hipotecario.
Además aquellas hipotecas subprime se habían introducido en el sistema
financiero de todo el mundo, al meterse en paquetes estructurados con solventes
nombres que invitaban a adquirirlos. Se trataba del virus subprime. Un virus
demoledor que consiguió enfermar a todo el sistema financiero con consecuencias
catastróficas a escala mundial. El dinero dejó de fluir por los caudales de las
instituciones financieras. El miedo al virus subprime impedía que los bancos se
prestarán dinero entre ellos. El miedo es el mejor instrumento para paralizar al
dinero y este no circulaba. La falta de liquidez en el sistema financiero llevó
a una seria restricción del crédito. Es decir más crisis a la crisis. Sin
créditos la economía no puede funcionar. Para muchas empresas el crédito es el
combustible, sin el cual no pueden invertir, prosperar y crear puestos de
trabajo. El estallido de la burbuja inmobiliaria coincidió por tanto con una
grave alteración de la banca, y por ello las consecuencias de la crisis
han sido mucho más virulentas.
El gran damnificado de la crisis ha sido el
sector de la construcción y todas las personas y empresas que dependían de él,
Un gran motor, como era el de la construcción, generador de empleo y de
crecimiento económico, que se detiene, tiene una reacción en cadena de
consecuencias catastróficas y de magnitudes incalculables para un país. Empieza
a hablarse de que la economía estaba sustentada sobre pies de barro, y que debía
apoyarse sobre bases más sólidas. Aparecen expresiones como cambio de modelo
productivo, economía sostenible, innovación, investigación y desarrollo... Sin
duda alguna, buenas ideas, las mejores, pero que necesitan de mucho tiempo para
consolidarse y empezar a dar importantes frutos en la economía de un país.
Pero ¿y que pasa con el sector de la
construcción?, ¿ya no tiene ningún futuro? Por supuesto que si, pero en él se
cruzaron demasiados límites que lo llevaron a la saturación. Un sector tan
importante no se debe abandonar a su deriva, pero habrá que hacer un uso mucho
más racional de él. Las grandes constructoras, están saliendo adelante de la
mala situación del sector y aunque han reducido de forma importante sus
beneficios conviene matizar y leer la letra pequeña de su situación. Sus
beneficios concretamente se han reducido un 78%, pero es preciso señalar que a
pesar de ello y de la crisis que han sentido de forma más contundente que otros
sectores, han ganado 663,4 millones de euros en el primer semestre de 2010. Las
grandes constructoras españolas cotizadas son ACS, Acciona, FCC, Ferrovial, OHL
y Sacyr Vallehermo; y su beneficio conjunto es de 663,4 millones de euros, según
señala noticia recogida el diario
Público. El contraste surge cuando comparamos el semestre de 2010 con el de
2009. Mientras que en los primeros seis meses de 2009, los beneficios fueron de
3.028 millones, en el pirmer semestre de 2010 hablamos de unos beneficios de
663,4 millones de euros. También es muy importante matizar los datos, ya que ACS
y Acciona vendieron Unión Fenosa y Endesa respectivamente y ello implica un
beneficio mucho más hinchado en 2009, para sendas constructoras. Acciona
ha ganado este primer semestre 78 millones de euros, cuando en 2009 los
beneficios fueron de 1.200 millones. Si descontamos los 1.129 millones de euros
por la venta de la participación de Endesa, se estaría hablando de un beneficio
de un 10,70%. FCC y OHL han aumentado sus beneficios un 5,9% y un 26,1%
respectivamente. Ambas constructoras han sabido magistralmente salir de la mala
situación del sector en España, dedicando importantes esfuerzos a su
diversificación y a su expansión internacional. En cuanto a Sacyr, hay que decir
que ha conseguido un beneficio neto de 81,6 millones de euros, un 80,5% menos
que en el primer semestre de 2009, pero si retiramos la venta de Itinere,
pasamos de pérdidas de321,7 millones a tener ganancias de 85,4 millones.
La única gran constructora cotizada que ha
tenido perdidas en este primer semestre ha sido Ferrovial, con 164,5 millones de
euros.
El sector de la construcción todavía tiene
un importante futuro en España. Cuenta con grandes y potentes constructoras, y
ahora además dispone de una lección muy bien aprendida en la crisis: hay límites
que es mejor no cruzar.
Euribor 2 de Agosto de 2010
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